Autor Tema: Mi crónica del debate a cinco.  (Leído 7539 veces)

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Mi crónica del debate a cinco.
« en: 05 de Noviembre de 2019, 13:54:06 pm »
CRÓNICA NUCLEAR DE UN DEBATE FALLIDO.

Ayer España se enfrentó a su futuro inmediato. O a su pasado reciente, o a su pasado reciente, que si no se asimila, será su futuro inmediato. Fue, será y es, como si la línea del tiempo se hubiera difuminado, como si lo que parecía una cuerda tensa se hubiera vuelto una espiral.

Ayer se celebró un debate más, no el más importante: el más importante continúa por Internet, donde todo se comparte, y continuará después de las elecciones.

Voy a revelar mi método de análisis del debate, nada científico por supuesto, pero es mi método personal e intransferible. Para mí la pregunta de quién ganó el debate, no procede y sí procede. No procede en parte, porque fue un debate donde los candidatos se mantuvieron en sus posiciones, hablando para la parroquia y en clave conservadora. No arriesgaron nada. Y sí procede, pero de la siguiente manera: ¿qué aprendieron los electores que inicialmente estuvieran dispuestos a votar a un partido o bloque, del otro partido o bloque, que pudiera hacerles cambiar de opinión? Y la respuesta es simple y desoladora: NADA. ¿En qué expandimos la conciencia los que vimos el debate? ¿Qué pensamiento nuevo y valioso se aportó que desconociéramos con anterioridad? Ninguno.

Pero ésta es una crónica nuclear, así que me voy directamente al bloque nuclear, prescindiendo de todos los demás, que palidecieron al lado de éste, aun siendo objetivamente muy importantes. Me refiero naturalmente al franquismo. Por supuesto, todos esperábamos que VOX expusiera el argumento contrario al antifranquismo, al del socialismo. Que el PSOE y Podemos equipararan el franquismo al nazismo, era algo tan detestable y falaz, como esperado. Que el PP y Ciudadanos salieran de esta pugna dialéctica, huyendo, como el lobo de los tres cerditos, con el rabo entre las piernas era tan desolador, como previsible. Entonces, la gran expectación, era ver cómo VOX iba a replicar a las falacias del nuevo Frente Popular socialcomunista. Y Abascal mostró entereza, sí, pero dejó colar infames falacias, como que los ejecutados por crímenes horrendos, en virtud de un proceso judicial conocido como la “Causa general”, eran víctimas tan inocentes, como los judíos a los que Hitler gaseó. Que los jueces que condenaron a un sádico asesino, como Companys, eran como las SS de Hitler. Que los chequistas a los que se ejecutó por haber llevado a cabo un genocidio contra los católicos, con horrendos asesinatos, precedidos de torturas y mutilaciones, eran como los judíos a los que Hitler perseguía por el hecho de ser judíos. Por supuesto, la parroquia de Abascal y probablemente, la de Rivera y Casado, no se creían semejante patraña. Ni tampoco Sánchez e Iglesias. Pero había un gran número de votantes socialistas y comunistas, que creían antes del debate las mentiras antifranquistas y las siguieron creyendo después del debate, porque VOX no puso a disposición de esos votantes socialistas y comunistas, los datos que refutaban esa trola, que como digo no se la creen ni Sánchez ni Iglesias.

Abascal sí, hizo referencia genérica al pasado criminal del PSOE, pero no hizo referencia a detalles que habrían servido de ejemplo, para ilustrar a la masa de ignorantes que votan al Frente Popular. No citó el asesinato de Calvo Sotelo, ni algún detalle truculento de la Revolución de Asturias de 1934, dirigida por el PSOE, al no aceptar el resultado electoral adverso de las elecciones de 1933. Así por ejemplo, no citó la voladura del Instituto de Enseñanza Media de Oviedo con todos los rehenes dentro, como consecuencia del golpe de Estado socialista.

Habló de que tenía familiares en los dos bandos, que se reconciliaron, como si fuera algo excepcional de su familia y ajeno al régimen de Franco. Y no hizo referencia a que la reconciliación entre los españoles, fue generalizada y facilitada por el régimen de Franco, al haber derrotado al Frente Popular, haber salvado a España de una tiranía comunista y genocida, haberla librado de la II Guerra Mundial, haber vencido al bloqueo internacional y haber frustrado la rebelión del Maquis, comunista, que pretendió reactivar la Guerra Civil.

Finalmente, no puso el grito en el cielo, al escuchar los planes antidemocráticos, inconstitucionales y delictivos del doctor ficticio, de ilegalizar a la Fundación Francisco Franco y meter en el Código Penal un delito, tan ficticio como el doctorado de Sánchez, de “apología del franquismo” (nótense las comillas) cuando no hay más apología del franquismo, que la propia verdad histórica, muy favorable al régimen de Franco. No protestó, no expresó (como hizo otras veces) lo intolerable de querer prohibir por ley, toda versión de la historia, que difiera de la socialista, tan partidista y sectaria, como falaz. ¿Que fue, pese a todo, el mejor de largo? Es posible, pero no sirvió para lo que le debía haber servido. Le faltaron reflejos y preparación, a pesar de saber que el franquismo iba a ser el tema estrella del debate y del PSOE.

Pero seguiremos: seguiremos supliendo las faltas de Abascal, para hacer llegar hasta el último rincón de España, la verdad. Seguiremos haciendo apología de la verdad. Porque la verdad importa.



La madurez, el talento y la sabiduría no tienen ni edad, ni sexo, ni jerarquía.

 

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